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"Desempleo??"

En las últimas semanas me han llegado datos muy sorprendentes sobre el Desempleo en México, una situación que a puesto a 2.9 millones de ciudadanos al punto de la pobreza en la peor de las crisis financiera que se ha vivido desde 1930, y que además protagoniza en la ante sala una 3ra Guerra Mundial que no pinta a que vaya a mejorar las cosas.

He sido a lo largo del año un "vividor" en carne propia lo que Desempleo significa, y lamentablemente es muy triste ver como familias enteras pierden la Seguridad en la que tanto empeño, sudor, dedicación y coraje han puesto; ver que de un día para otro simplemente desaparece. Años de nuestras vidas invertidos no significan nada cuando representas un Costo para tu Compañía, una cruda realidad a la que el 95% de la Sociedad Mundial estamos expuestos y de la cual nos cuesta trabajo desprendernos también.

Además muy poca gente se la pasa bien en su Empleo, la estadística dice que al 74% le fastidia su rutina laboral y mira que la encuesta la hizo el INEGI, no solo eso, el 46% de ellos esta muy desilusionado con la Empresa a la que representan por que ninguna de ellas cumple con lo prometido en el momento de la contratación. Muy mal. El 36% dice que se las han cumplido a medias y nada mas el 21% afirma que si le cumplieron al pie de la letra. Mínimo...

Lo grave es que no solo afecta en la alcancía lo del desempleo ó lo mal que te la pases en tu empresa, si no que además influye significativamente en la vida de cada individuo, ya que...

"Estar satisfecho con el trabajo y con lo que se hace es importante, ya que el empleo no es sólo un medio para ganar dinero sino parte de la vida del individuo (...), tener tranquilidad laboral permite evitar enfermedades ocasionadas con el estrés", dice el consultor especializado en Desarrollo Humano, Helios Herrera.

Y es que las empresas te tratan muy bonito en la entrevista y te vuelan la cabeza con sus palabras bonitas, pero el 77% nos cuenta que una vez dentro las cosas son totalmente diferentes, bueno, no todas son así verdad, hay algunas que si hablan sin ocultar nada, al menos eso dice el 23% restante.

Lo más malo de todo es que no importa cuanto se quejen o lo mal que estén las empresas por que a pesar de la poca satisfacción que existe entre la mayoría de los trabajadores, la mayoría de los empleados se empeña en conservar su empleo, principalmente a causa de la crisis económica y a la dificultad que implica hallar un nuevo puesto. Lógicamente, pues te aguantas ó "te la pelas" diríamos vulgarmente por acá en el Norte.

La cosa no para ahí, a raíz de la debacle financiera hallar empleo es 66% más lento que en 2007, cuando colocarse tardaba en promedio entre 3 y 6 meses. Actualmente este proceso se demora entre 6 y 9 meses, de acuerdo con lo que los expertos nos cuchichean.

Actualmente hay casi entre 4 y 10 candidatos por cada vacante, según el director en la práctica de Recursos Humanos de PricewatherhouseCoopers en EU, David Alhadeff, por lo que no es extraño que la gente se empeñe en conservar un empleo, aunque éste no sea de su completo agrado.

Lo más importante hoy en día es que la Empresa que te habrá las puertas mínimo te de una verdadera Oportunidad de desarrollarte profesionalmente, eso gritamos el 53%, claro que un buen ambiente laboral no esta demás para el 20% y desde luego que nos capaciten bien, dicen el 11%.

Como ves no nos va nada bien y ya quisiéramos muchos estar dentro de cualquier lugar por que una ayudadita al bolsillo no vendría nada, pero nada mal. Así están las cosas, espero que no seas uno de entre esos 2.9 millones de Mexicanos que hacemos fila en las entrevistas. Si sí eres uno de ellos, no te lamentes, ahí afuera existen Oportunidades Reales que te pueden Ayudar, tan solo abre un poco la Mente, deja de pensar como Empleado y comienza a emprender conceptos nuevos de negocios, estamos en el siglo XXI y el alcance que nos brinda la Tecnología hoy en día representan nuestras mejores Herramientas para imaginar!!

Suerte.

"Acomulación, pecado original de la economía política"

Unánimemente considerada como la obra esencial de Karl Marx, El Capital es un magno tratado en tres volúmenes. El primero se publicó en Hamburgo en 1867; el segundo y el tercero fueron publicados por Engels después de la muerte del autor, en 1885 y en 1894, respectivamente.

Por lo común, es conocido sólo el primer volumen, que, a pesar de ser el más importante y fundamental, no da una idea exhaustiva del pensamiento de Marx. En la sociedad capitalista (así comienza el volumen) la mercancía no cuenta por su valoración social: se ha convertido en un objeto abstracto, un fetiche. De modo particular, el dinero "que refleja sobre una mercancía sus relaciones con todas las demás" se apodera del alma humana y la tiraniza como un demonio. El dinero es el que compra a los hombres y el trabajo de éstos.

La fuerza-trabajo, productora de las mercancías, se cambia y se compra como otra mercancía cualquiera y obedece a las mismas leyes del mercado, olvidando que detrás de ellas hay un hombre, con su familia: el proletario. Este proletario es libre, pero si no vende su trabajo se muere de hambre. Vende su capacidad de trabajo, pero ésta es una cualidad personal, y no se puede vender aisladamente; por esto una vez hecho el contrato entre capitalista y trabajador, éste, con toda su personalidad y sus necesidades, pasa a manos del otro.

Para el capitalista, el dinero debe multiplicar dinero. También el dinero invertido en los salarios se multiplica, o sea, que la fuerza humana adquirida produce al capitalista una plusvalía, además del valor con que la paga. La formación de la plusvalía y su aumento se efectúan de las siguientes maneras:

  • Primero: el capitalista obliga al operario a darle su trabajo por un tiempo superior al que se necesita para compensar el salario;
  • Segundo: la mercancía-trabajo, en vez de consumirse como otra cualquiera, produce (al consumirse) un valor superior al que representa, esto es, que el trabajo produce un excedente sobre su coste, que es la plusvalía, monopolizada por el capitalista, el cual tiene poder de imponer al operario las condiciones que quiera;
  • Tercero: cuando no es posible ulteriormente aumentar la jornada de trabajo por vía directa, el capitalista procura aumentarla indirectamente, modificando el proceso técnico; toda mejora de la técnica productiva equivale a un aumento de la jornada de trabajo; aumenta la producción y por eso acrece la plusvalía.

Esta última consideración pone en claro que, en un momento dado de la evolución del proceso productivo, esto es, cuando el capitalista ha llevado a su límite extremo los dos primeros modos de aprovechamiento, el problema del aumento de la plusvalía se torna esencialmente un problema técnico: mejorar los medios técnicos de la producción. Los inventos mecánicos han sido, a este respecto, el gran recurso del capitalista.

En manos del capitalista la plusvalía se convierte en nuevo capital: así se obtiene la acumulación. Ésta, por un proceso cuyas varias fases analiza Marx en la obra, conduce a la concentración de los capitales y a la centralización, hasta que el capitalismo cae en un círculo vicioso. He aquí cómo se sintetiza en el pensamiento de Marx el círculo cerrado del sistema capitalista: en la competencia de la producción vence el precio más bajo; el precio más bajo es el resultado de un alto rendimiento de trabajo, y éste se resuelve en máquinas más poderosas y en talleres más perfeccionados, y por tanto en un capital mayor; de aquí la necesidad de acumular a ritmo creciente; pero cuanto más se acumulan las máquinas, más disminuye proporcionalmente el número de obreros y más pequeña se hace la proporción del capital circulante (mano de obra) respecto al capital fijo (máquinas, instalaciones, etc.); como la plusvalía deriva del capital circulante, cuanto más pequeña sea la proporción de este capital, tanto menor se hace la proporción de la plusvalía (que puede aumentar en valor absoluto, pero disminuye en valor relativo).

En tanto, crece la masa de obreros desocupados, de manera que las posibilidades de consumo decrecen, mientras por otra parte aumentan las mercancías en el mercado. Entonces es menester, para que los parados vuelvan a consumir, ocuparlos en nuevas ramas de la industria, o desarrollar las que ya existen. Pero para esto son menester nuevos capitales y los nuevos capitales no se pueden obtener sino con la acumulación, y la acumulación no se obtiene sino con el aumento de la plusvalía. Para aumentar el valor relativo de la plusvalía sería menester disminuir el valor de la mano de obra, bajando el precio de las mercancías consumidas por el trabajador. Para disminuir el precio de las mercancías es necesario aumentar la productividad, mejorando la técnica. Y para mejorar la técnica, es menester también acumular, aumentando la plusvalía, y así sucesivamente.

El círculo vicioso queda cerrado. De cuando en cuando el círculo se interrumpe; con los almacenes repletos, y las salidas cerradas, el mercado ya no acepta nada; quiebras, obreros sin trabajo, revueltas de los hambrientos: crisis. Tal es el círculo vicioso del sistema capitalista; pero éste, como el sistema de que es expresión, ha tenido también su punto de partida. Al origen del capitalismo corresponde el origen de la acumulación, pecado original de la economía política. La primera acumulación del capital es fruto de una expropiación: de propiedad privada conquistada con el trabajo. Inmediatamente se tiene una nueva forma de expropiación: la del capital inferior, que ya se aprovecha de una muchedumbre de operarios. Todo capitalista ha matado a otros y, la mayoría de las veces, será muerto por uno mayor que él.

El proceso alcanza tales extremos que, en un momento dado, el número de los capitalistas es muy pequeño y se vuelve amenazadora para ellos la masa de la miseria que, en el polo opuesto, se organiza, se une y se subleva. Es el propio desarrollo del mecanismo capitalista el que anima esta masa; en efecto, el monopolio del capital se torna un impedimento hasta para los métodos de producción surgidos del mismo capitalismo. La concentración de los medios de producción y la socialización del trabajo alcanzan tales límites que resultan incompatibles con la estructura capitalista, dentro de la cual se han originado y se han determinado. La estructura se convierte en superestructura, y habrá de derrumbarse. El final de la propiedad capitalista está próximo. Los expropiadores serán expropiados.

El segundo volumen describe minuciosamente el funcionamiento del mercado, del cual son esclavos los capitalistas; pero éstos, para disminuir los riesgos de los caprichos del mercado, se ayudan recíprocamente, fundan las bancas y adoptan medidas de seguridad. Así los fenómenos caóticos acaban por regularizarse, y el capitalista consigue vivir más seguro en su propio edificio. Pero mientras tanto el mecanismo se ha complicado, y el capitalista, a pesar de seguir obteniendo la plusvalía sólo de su actividad de industrial, asume nuevas funciones: se convierte en comerciante, mediador, banquero, latifundista. Se hace ayudar por una muchedumbre de otras personas: éstas ayudan al capital a conseguir su provecho, y por esto reclaman una parte de él. El provecho, en adelante, habrá de ser repartido entre todos los lobos de la horda. El modo cómo haya de ser dividido viene marcado por el propio juego del mecanismo capitalista.

Ya la economía clásica había notado que los capitales empleados en las más diferentes empresas dan, en un mismo país y en un mismo tiempo, una proporción igual de provecho. En el tercer volumen de El capital, Marx explica que los diferentes provechos se igualan en el momento de la venta de la mercancía, porque el capital no ingresa el provecho de su producción particular, sino únicamente su parte en el botín general. Los capitalistas se comportan, en lo que concierne al provecho, como accionistas de una gran sociedad: no se distinguen unos de otros sino por el importe relativo de los capitales empleados por cada uno de ellos.